El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Y fue una lección en el acto aprendida. Se cegó la vía de agua heroicamente. Hacía falta tranquilizar al público; hacían falta millones y se encontraron. Los formidables piratas de la Quinta Avenida obedecieron al sentimiento de solidaridad nacional. Bajo la dirección de Pierpont Morgan, abrieron sus arcas y Roosevelt, el enemigo épico del trust, tuvo que agradecerles su esfuerzo y unirse a ellos en nombre de la patria. La tormenta pasó. Los yankees perduran.
No comparo los recursos de Norteamérica con los del Paraguay. Sería absurdo. Pero guardando las proporciones, el método de resistencia es el mismo. Acudir siempre a las fuentes fundamentales de riqueza y trabajarías sin desmayo. Estudiar con valor las dimensiones del mal y sacrificarse en común cuando suena la hora decisiva. Aprovechar la enseñanza para divagar menos y para hacer viables las creaciones futuras.
Leed los diarios; leed esos desfallecidos y convencionales artículos, en que se adivina la pluma de un soñoliento reporter, y en que se acumulan frases hechas con igual indiferencia que si se tratara de una historia de otro planeta y de otro siglo.