El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Se anuncia que entrará pronto en el país un millón de pesos oro, oro sellado. Un peso y pico por habitante. La opulencia.
¿Qué hacer con un peso? Tomar algunas copas de caña, y levantarse al día siguiente con la boca pastosa y sin ganas de trabajar.
Lo peor es que tarde o temprano habrá que pagar ese oro, debido a la generosidad reconocida de los usureros. Habrá que pagar bastante más de lo recibido, y, como siempre: unos recibirán y otros pagarán. Recibirá el rico y pagará el pobre.
Porque lo del peso por habitante es una equitativa ficción. Todos sabemos que los pesos idolatrados no saldrán de un pequeño número de bolsillos. Lo que entristece de veras es el contento con que varias víctimas del agio patriótico ven venir el oro sellado. Adoran el oro aunque inaccesible. Lo adoran, ¡ay!, desinteresadamente, platónicamente.
