El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Es para asegurar el porvenir de los gérmenes que la raíz se hunde bajo las piedras y la hoja respira. Si los árboles ensanchan su ramaje es para multiplicar con el número de frutos las probabilidades de la reproducción. Si las flores agotan en sus cálices la purísima paleta del arco iris, es para seducir a los insectos y confiarles el mágico polen que engendrará las flores de mañana. Hay alas temblorosas, suspendidas un instante en un rayo de sol. Aparecen, se fecundan y se desvanecen. Dieron la existencia casi al recibirla, pues no es existir lo que importa sino volver a existir. No es ser lo que importa sino avanzar. Y morir es avanzar a través de la sombra. ¿Por qué tejen con tanto cariño sus nidos las aves parejas que se adoran a veces con fidelidad de esposos? Porque los pajarillos al romper asustados el huevo están desvestidos e inermes; exigen protección y proteger es amar. Todo el amor, todos los amores, los que sentimos hacia los seres más extraños a nosotros, hacia los objetos inanimados, hacia lo inaccesible, lo ausente, lo difunto, lo olvidado; hasta los amores que sentimos hacia lo que no conocemos y hasta aquello mismo que nos odia, salieron del nido, de la debilidad sagrada de nuestros niños que es preciso salvar, pequeñas naves que cruzarán el tiempo, vencedoras de la muerte.