El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Sed fecundos. Dejad que los ricos, dejad que los poderosos, después de haber robado a la humanidad, pretendan robar a la naturaleza, limitando la prole a una cantidad convenida, y transformando el amor en un vicio solitario. Dejad que aparezca en ellos este signo de la decadencia irremediable. Es como si un instinto de enfermos advirtiera a los plutócratas de la inutilidad de su sexo. Es como si comprendieran que están condenados a la desaparición y que lo más sabio es no tomarse la molestia de nacer y agotar entre pocos y cuanto antes el resto de su miserable historia. Pero vosotros no sois los despojos del pasado, sino la semilla de lo venidero. Sacudid al viento vuestro polen generosamente. Sed el ejército que no acaba nunca ni en ninguna parte. Sed incontables como las estrellas del cielo. No vaciléis ante las penas que aguardan a vuestros hijos. Si los engendrasteis con amor, no temáis. No hagáis caso de los que atribuyen la miseria al exceso de población. No es la población lo que empequeñece la tierra sino el egoísmo, Amad y la tierra se ensanchará sin límites. A pesar del dolor y de la injusticia la vida es buena. Debajo del mal está el bien; y si no existe el bien lo haremos existir y salvaremos al mundo aunque no quiera.
[El Diario, 25 de Mayo de 1908. Pronunciada el día anterior, en el Instituto Paraguayo, de Asunción]