El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Fácil es volcar un gobierno; difícil transformar las costumbres gubernativas. Fácil es cortar cabezas, difícil impedir que retoñen. La vida de un pueblo tiene mucho de vegetal. Es inútil a veces podarle y hasta mutilarle; el mal sube con la savia dentro del tronco. El mal está en las raíces, bajo tierra. Allí es donde se debe herir para curar.
Las raíces de la nación están, como las del árbol, bajo tierra. Son los muertos. Los muertos están vivos. Las generaciones pasadas alimentan a las generaciones presentes. Nuestras calamidades son la ramificación de las calamidades antiguas, que no pudieron ser detenidas o desviadas o acabadas en su origen. Nuestro pasado es el terror, y en el terror seguimos viviendo.
El terror gobierna, como ha gobernado antes. Aparece como una fatalidad. Los de abajo la esperan. Los de arriba se encuentran prácticamente privados de todo instrumento de dirección y de orden, excepto el látigo. Por la ley fatal de la menor resistencia, empuñan el látigo y a los viejos y genuinos motivos de embrutecimiento y decadencia moral se añade el actual abuso, siempre más abrumador, que constituye sobre todo en la campaña, el único sistema administrativo.
