El dolor paraguayo
El dolor paraguayo ¿Y cuál es nuestro instrumento? El sable también lo usa la guardia civil española. En Rusia se emplea el látigo. Cuando se atrevieron a resistir a la autocracia los campesinos de Constantinogrov, Poltava y Karlcov, se les mataba a latigazos. El príncipe Obolensky tuvo una idea feliz: mandó empapar previamente los látigos en sal y vinagre. ¿Adoptaremos la idea?
¡El sable! ¡La hoja hidalga, custodia del pundonor militar, cambiada en herramienta de verdugo! ¿Qué deducir? ¿Que hemos progresado, desde aquella época en que se proclamaba lo de «no la saques sin razón, ni la envaines sin honor» y en que Tirso de Molina escribía:
De lengua al agraviado caballero
Ha de servir la espada y no la pluma?
¿O es que la violencia, con espada al cinto o no, es siempre mala? Me inclino a lo último. Si la guerra nos es aún necesaria, es que todavía estamos malditos. La guerra en sí es odiosa y sobre todo la guerra moderna. No nos extrañemos de la facilidad con que el sable, en tiempo de paz, se convierte en látigo de Obolensky. Continúa la triste obra sangrienta a que está condenado.
[El Diario, 14 de Octubre de 1907]