El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Se objetará que muchos particulares empuñaron las armas y que la opinión ha visto con gusto la victoria revolucionaria. Cierto es que la esperanza humana es incorregible y que los enfermos se alivian cambiando de postura. Varios trabajadores a quienes se había acariciado policialmente las espaldas trataron de cazar al jefe o por lo menos a un comisario. Eran los más sinceros. Sin embargo entre cien heridos atendidos por la Asistencia no hubo sino dos particulares. Son los soldados los que se han batido: este es el hecho. Los particulares, cada vez más numerosos a medida que el triunfo se hacía más seguro, se presentaban a pedir un fusil. Es que hay también empleos civiles y los tiempos están malos.