El dolor paraguayo
El dolor paraguayo El anticipo se cobró y se disipó. ¡Lasciate ogni speranza! Ahora, el arreo. El río: a puntapiés y rebencazos los encajan a bordo. Es el ganado de la Industrial. Centenares de seres humanos en cincuenta metros. Bazofia inmunda, escorbuto, diarrea negra ¡y a trabajar por el camino! Escuálidos adolescentes descargan el buque; suben en cuatro patas las barrancas con 80 kilos a cuestas. Hay que irse acostumbrando.
El monte: la tropa, el rebaño de peores, con sus mujeres y sus pequeños, si se permite la familia. A pie, y el yerbal está a cincuenta, a cien leguas. Los capataces van a caballo, revólver al cinto. Se les llama troperos, o repuntadores. Los habilitados que se traspasan el negocio escriben: «con tantas cabezas». Es el ganado de la Industrial.
Y el ganado escasea. Es forzoso perseguir a los jóvenes paraguayos en Villa Concepción y Villarrica. Los departamentos de yerbales, Igatimi, San Estanislao, se han convertido en cementerios. Treinta años de explotaciones han exterminado la virilidad paraguaya entre el Tebicuary sud y el Paraná. Tacurú-pucú ha sido despoblado ocho veces por la Industrial. Casi todos los peones que han trabajado en el Alto Paraná de 1890 a 1900 han muerto. De 300 hombres sacados de Villarrica en 1900 para los yerbales de Tormenta en el Brasil no volvieron más que 20. Ahora se rafla por las Misiones Argentinas, Corrientes y Entre Ríos.