El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Asà trabaja, hozando en el bosque sus galerÃas de topo, tendidas de picada a picada, agujeros en fondo de saco por donde busca y trae la yerba. Desgaja, carga y acarrea el ramaje al fogón. Se arrastra penosamente bajo el peso que le abruma. A eso se reduce la estúpida faena del yerbal, a la de una acémila que hocicara antes su sendero de retorno. El paraje se llama mina, y el peón minero. La Cámara de Apelación paraguaya ha opinado que el yerbal es una mina. Esta designación terrible es más elocuente que todo. SÃ: hay minas al aire libre y a la luz del sol. El hombre desaparece, sepultado bajo la codicia del hombre.
El minero desgaja y acarrea de dÃa. De noche —¡porque se pena dÃa y noche en el yerbal!— alcanza el fogón, overea[36] el ramaje, es decir, lo tuesta en la llama, abrasándose las manos; deshoja la rama destrozándose los dedos; pisa la hoja en el raido[37], sujetando con tiras de cuero la mole que llevará a cuestas hasta el romanaje donde será pesada…