El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Convenga el doctor Ritter en que si los obreros de los yerbales se hubiesen organizado en sindicatos, habría una gran vergüenza menos en América.
Escribe el doctor Ritter: «Aquí, en el Paraguay, siempre atrasado (¿lo “adelantado” es conformarse con el capitalismo?) algunos intelectuales, hace poco, han procurado importar el socialismo, pero, como era de prever, sin ningún resultado».
No conviene juzgar precipitadamente la influencia de las propagandas. El porvenir dirá. Observaré tan sólo que habría deseado que el gobierno, compartiendo la opinión del doctor Ritter, no me hubiera dado importancia. Me hubiese ahorrado así dos meses de hospital en Montevideo.
Ni el Paraguay, ni el último rincón del globo se sustraen ni se sustraerán a un movimiento humano de la trascendencia de la emancipación económica. Se trata de una ola más alta y más profunda que la extensión del cristianismo en los siglos XV y XVI, que la extensión de la democracia en el siglo XIX. Es el clima social del planeta lo que se transforma; ¡aunque alcéis en torno muros de diez millas, no detendréis la primavera! Nada detendrá la marcha del pensamiento en busca del dolor, y el dolor está en todas partes. Nada detendrá al tiempo.