El dolor paraguayo
El dolor paraguayo El ciudadano que en este asunto, como en todos, quiera el bien de su patria, debe dedicarse a enriquecer y concentrar el genio nacional. Debe conocerlo y para ello debe amarlo, porque sólo se conoce a fondo lo que se ama. Debe preocuparle poco la pequeñez del territorio, si el alma de los que lo pueblan no es pequeña. Debe preocuparle poco que no haya mucho dinero, si el que hay es de quien no lo ha robado. Debe preocuparle poco que no baya muchos cañones, si no se teme la muerte. Ni ejércitos ni fortuna poseÃa el puñado de puritanos de donde salió la colosal civilización norteamericana. ¿Quién hizo el milagro? ¿Quién vuelve inviolables a Bélgica y a Suiza? ¿Quién ha transfigurado a los japoneses, escuálidos indÃgenas de unos islotes desnudos? El carácter.
Tened el carácter, y todo lo demás os será entregado por añadidura. Cada individuo, cada pueblo, antes de ser esto o lo otro, ha de empeñarse en ser, en ser él mismo. Entonces la materia bruta, bronce de armas, oro de opulencias, se rinde al deseo, y las vehementes fuerzas naturales se abandonan como hembras a la virilidad del espÃritu humano.
El Paraguay, por lo castizo de su origen, por lo que ha sufrido y se ha templado en una guerra cruel, y también por lo reducido de su extensión, está predestinado a crearse un carácter potente y fecundo. Ese carácter representa para todos la grandeza futura.