El dolor paraguayo
El dolor paraguayo ¡Siempre la habilísima estratagema de convertir en cuestiones de beneficencia las cuestiones de derecho! No queremos vuestra caridad, ¿entendéis? No queremos compasión, queremos justicia. No necesitamos que se proteja a nadie, sino por de pronto que se cumpla la ley. Está abolida legalmente la esclavitud en el Paraguay, en Villa Concepción, en San Estanislao, Tacurú-pucú, ¿sí o no? Tenéis siete mil soldados de línea, que han demostrado su idoneidad para rechazar invasiones sediciosas. ¿No os bastan para prender a un capataz?
¿Qué guerra civil es comparable al aniquilamiento de la raza en la tortura de la esclavitud? Hace años se gritó que hay quince mil esclavos paraguayos en los yerbales y en los obrajes. No me hago ilusiones. Mientras los esclavos no se defiendan por sí mismos, mientras no ejecuten a sus verdugos y prendan fuego a esos yerbales de maldición que serán acaso la riqueza, pero sobre todo el oprobio del Paraguay, todo seguirá como hasta ahora. Detrás del capataz está el negrero de levita, el director de empresa, el «ilustre hombre de negocios» que sabe lo baratas que son las conciencias políticas. La esclavitud está bien instalada…
¡Venid, esclavos del yerbal, venid a festejar con nosotros el centenario de vuestra independencia!
[El Nacional, 12 de Agosto de 1910. Inédito]