El dolor paraguayo
El dolor paraguayo No mintáis, hermanos.
Sí vivís en la ciudad donde hombres con zapatos de charol y cuellos planchados manejan el dinero de las aduanas, no digáis que los que andan descalzos y medio desnudos son felices, porque no lo son.
Si habitáis en casas de ladrillos y de piedra, con vidrios en las ventanas y puertas que ajustan, no digáis que están contentos los pobres en sus escondrijos de barro, porque no lo están.
Si os conducen de una parte a otra en ferrocarril o en tramway, no digáis que los rastros de bestias en que el campesino hunde sus pies fatigados son satisfactorios, porque no lo son.
Si coméis pan blando, carne bien guisada, y bebéis vino perfumado, no entonéis himno de alabanza al inmundo locro de los ranchos, porque mentís.