El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Los dos tercios de las explotaciones agrÃcolas están en arriendo, por lo general sin contrato que asegure a los arrendatarios el goce de las mejoras que producen y la tranquilidad de un hogar estable. Expuestos a ser inopinadamente despedidos, no se arriesgan a salir de lo provisorio. No habitan; acampan. Se guarecen en chozas de techo de zinc y piso de fango. ¿Cómo se alojarán los simples asalariados del labradÃo? Son una horda que vivaquea sobre la Argentina. Empujados por lo precario de su situación, más devastan los campos que los fecundan. De aquà el rápido empobrecimiento de las tierras. Rato es el peón fijo que obtiene 40 pesos al mes. Durante una corta temporada los que cosechan el trigo logran 4 o 5 pesos al dÃa. Bregan de sol a sol, salvo la media hora que emplean en deglutir una bazofia repulsiva y cara. Sitio hay en que ni del agua disfrutan, por ser salobre. Se les ha visto volverse a pie a Buenos Aires. En Australia un esquilador de ovejas duerme en su cama. En la Argentina gana la mitad y duerme en el suelo. Si el 40 por 100 de los inmigrantes, concluidas las labores de la recolección, emprenden de nuevo su costoso viaje hacia la miseria que en Europa les aguarda, es porque en la Argentina no hay para ellos ocupación ni refugios posibles. Son rechazados por una sociedad donde caben y se reclaman brazos sueltos, pero no familias; que alquila el plasma humano, pero no lo adquiere, lo fija ni se lo incorpora. Y no insistiré en los abusos de ciertos ingenios y de los obrajes y yerbales próximos a las fronteras. Allà se estafa al trabajador, de acuerdo con las autoridades; se le tortura y se le caza a tiros cuando intenta huir.