El dolor paraguayo
El dolor paraguayo Varios jóvenes de nuestra sociedad han sido armados caballeros; el título uniforme de doctor les incorpora a la aristocracia del país. Este grado de nobleza democrática significa en quien la lleva la facultad de enseñar y el mérito de saber, cosas más de acuerdo con el siglo que el poder militar, el dominio sobre la tierra y la confianza del príncipe, orígenes respectivos del duque, del marqués y del conde.
No basta ser hijo o reputarse hijo de doctor para ser doctor. He aquí una gran conquista de los tiempos. Es necesario que la alcurnia se refresque y abrillante sin descanso, que cada generación renueve sus hazañas. Hemos roto una de las cadenas de la herencia; hemos libertado un poco más a los individuos, desligándoles del pasado. Es humillante la corona adquirida por el hecho de haber nacido; al lograr el honor en virtud del propio esfuerzo, introducimos en nuestra existencia la lógica, la unidad indispensable a los bellos destinos. Conviene deber lo menos posible, aunque sea a los padres. Heredar es repetir y lo fuerte es lo nuevo. Dichoso el día en que ni la fortuna ni la miseria se hereden.