El dolor paraguayo
El dolor paraguayo El cochero trabaja tanto como el arrastre. Cuando se siente desfallecer, acude el mayoral a sustituirle, se nos unen en el trayecto chiquillos serviciales, que aumentan la algarabÃa. Pero todo es inútil. En la curva de la calle Amambay nos atrancamos siempre. Es el infranqueable pons asinorum —¡todo junto, curva, cuesta, fatiga y desaliento! Los viajeros más gordos descienden. Otros empujan el tramway. La mayor parte siguen a pie. Y todos los dÃas las mismas frases, ante el infame espectáculo, llegan a mis oÃdos:
—No les dan de comer…
—Y a ellos no les pagan…
Y ellas y ellos y nosotros nos resignamos, mes tras mes y año tras año…