El dolor paraguayo
El dolor paraguayo —Y, ¿cómo no avisó usted a sus compañeros, la noche de la fuga?
—¡Ah!, señor… no hubiera dicho una palabra a mi propia madre…
Un silencio.
—¡Qué Cerro Corá!, añadió lentamente. En el campo habÃan mujeres muertas, con hijos encima que chupaban aún aquella podredumbre!… ¡Y el mariscal!…
—¿El mariscal?
Pregunta vana. El viejo enmudece definitivamente. Los espectros escuchan…