Moralidades actuales
Moralidades actuales Aquí entra en escena la compasión. «No los matemos. Dejémosles que vivan». Dan ganas de replicar, como M. d’Argenten al abate Desfontaines: «¡no veo la necesidad!». Resulta demasiado caro. ¿Cómo? ¿Regalaremos una casa, alimentación, escuela y asistencia médica a los degenerados irremediables, mientras millones de trabajadores sucumben lentamente a la miseria y a la angustia? ¿Enviaremos, de un plumazo, por negras intrigas, ambiciones despiadadas, o por un acto de demencia, a millares de jóvenes honrados, sanos, alegres, esperanza del mundo, a que les rompan los huesos a balazos en el fondo de las trincheras, y no nos permitirán nuestros nervios de colegiala enviar a las fieras humanas a la guillotina, bajo la cual, según el P. Coloma, sólo se siente un ligero frescor? Hay injusticias indispensables, pero la piedad arbitraria es odiosa.