Moralidades actuales
Moralidades actuales Ahorquen, sí; sálvese Rusia. Pero la horca cuesta dinero; supone policías que espíen y rastreen la presa, soldados y gendarmes que la cobren, carceleros que la guarden, juez que la condene, cura que la absuelva, verdugo que le ponga el nudo al cuello y ayudantes que tiren de los pies. El jabón con que se unta la soga es caro. El «padrecito» necesita recursos para ahorcar a sus hijos.
¡Recursos! ¿Dónde sacarlos, en un país devorado por la miseria y la ignorancia, medio demente a consecuencia del terror actual y del shock traumático de la guerra, debilitado por la emisión indefinida de papel, agobiado por la elefantiasis de una burocracia monstruosa, por los funcionarios infinitos que desde los palacios de Petersburgo y Moscú a la más humilde aldea, sólo se dedican a delatar y a robar?