Moralidades actuales
Moralidades actuales La vida auténtica no tiene más que un programa: vivir. El doctor Palacios era un organismo fuerte. ¡Qué pronto se hubiera consolado él, qué pronto hubiera encontrado remedio a su pena! La vida olvida, y vuelve infatigablemente a empezar su obra, cien veces arrasada. Mirad cómo la araña rehace su tela rota, y las hormigas su vivienda, y el pájaro su nido desgarrado. ¿Y qué son nuestros hijos, sino ensayos nuevos, nuevas tentativas para ganar la empresa en que fracasamos nosotros? ¡Una mujer joven y robusta que se mata antes de tener un hijo! Pero ¿qué madre se suicida? Morir, matar… fútiles violencias. Lo grande no se improvisa. Que un enfermo incurable, un canceroso o un tuberculoso, prefiera concluir en seguida su existencia condenada, se comprende; y quizá protestemos, pues nos queda la curiosidad del mal, y todavÃa podemos examinar el dolor. Hay algo contra la importancia de la muerte, y es que no nos inspira curiosidad ninguna. Lo importante es vivir.
Vivamos, pues; y si es preciso morir o matar, que sea por razones serias, y no por nuestras aventurillas personales. No degrademos hasta ese punto la majestad del misterio que nos rodea. Sepamos resistir a la seducción de los gestos de teatro, y al encanto vicioso de las tragedias baladÃes.