Moralidades actuales
Moralidades actuales —Deseo premiarle señor juez. ¡Juez! ¿Qué es eso? Un oficio. ¿No le ha repugnado a usted de cuando en cuando su virtud? ¿No está usted cansado de ser una fórmula? Conozca usted la vida. Yo soy la vida. Maté; pero no es posible ser la vida sin ser al mismo tiempo la muerte. Tus leyes; tus códigos, ¿de cuándo son? Del año pasado. Mi boca es eterna. Venus no era más que una diosa; yo soy la mujer. Sólo entre mis brazos serás un hombre. ¡Ah!, tiemblas, como temblaban los otros que fueron felices. Ven, regresa al sexo de donde saliste. Ansiabas analizar mi alma. Mi cuerpo es más interesante. ¿Qué han sido tus amores? Tragos de agua sucia con que aplacabas la sed, al borde del camino. Yo soy la sabia, la inagotable embriagadora; yo conozco tus nervios, yo adivino tus vicios, que no sospechas. Yo te devolveré la juventud que perdiste sin haberla poseÃdo, y haré de tu vejez una llama… y tus huesos se acordarán de mà bajo el lodo.
El señor juez, en efecto, recobró su virilidad, y se puso a la disposición de la buena Meg, que le suspiraba:
—En cuanto esté libre, gran curioso, te diré quién es mi cómplice.