Moralidades actuales
Moralidades actuales Muchos días después de acaecido, me enteré del fallecimiento de Blixen. ¡Quién habría sospechado que el hombre que dejé lleno de vida en Montevideo moriría antes que yo, que me estoy muriendo desde hace dos años! Y de cuanto he leído sobre la desgracia de «Suplente», lo que me conmueve más es su frase en la agonía: «Me voy… me voy…».
Sí; esto sólo podemos decir, que nos vamos. Y antes de irnos del todo, nos vamos yendo desde que nacemos, hora por hora, minuto por minuto. Nuestra carne cambia sin cesar sus moléculas, nuestro corazón cambia sus amores, nuestro espíritu cambia sus figuras. ¡Qué de cosas mueren a cada instante en nosotros! Nuestro pasado es un cementerio, y tiene que serlo para que el porvenir exista. No se avanza sin dar a algún horizonte la espalda. Hay en el mundo una irreductible cantidad de sombra, y amanece aquí porque anochece en otra parte. Si no olvidáramos, no respiraríamos. Sucumbimos cuando no es posible renovarnos. Entonces somos una gastada molécula del cosmos, una figura ociosa en el espíritu universal; entonces es la naturaleza la que nos olvida, y morimos como habían muerto ya tantos recuerdos en nuestra memoria.