Moralidades actuales
Moralidades actuales ¡Profunda naturalidad la de la dinamita y la del anarquismo! Esas energías no son mejores ni peores que las que dislocan cordilleras y arrasan San Franciscos y Martinicas. La dinamita, que en manos de ingenieros hiende la roca para abrir paso al ferrocarril, sirve lo mismo para hacer volar los ferrocarriles y los ingenieros y los dueños del negocio. Los apóstoles de hace veinte siglos eran anarquistas a su modo; por muy cruel que sea la legislación proyectada con el fin de ahogar el anarquismo, no lo será hasta el punto extremo de las persecuciones dioclecianas. ¡Qué error el de creer a la naturaleza indiferente a los nombres! El milagro, el magnetismo encantador de lo desconocido, bajó a iluminar las frentes piadosas de los santos; entre los suaves dedos que absuelven se ablandaron y torcieron las leyes físicas; las cosas se enternecieron y amaron. Y hoy, a semejanza de otro tiempo, los profetas de la desesperación se sienten auxiliados por la esfinge silenciosa. A la cólera intolerable que crispa los músculos en el bajo fondo social, responde la cólera química de las entrañas del globo. Los ascetas cristianos hacían brotar las flores de los yermos entumecidos; los ascetas anarquistas —sí, recorred la serie, rara vez hallaréis uno que no sea inteligente, elevado y robusto— llevan en el puño el prodigio feroz de la dinamita, el verbo que suprime, la voz que mata.