Peter Pan
Peter Pan Ahora ya estaba realmente acabada. No quedaba nada más que hacer, salvo llamar a la puerta.
—Poneos guapos —les advirtió Peter—, las primeras impresiones son importantÃsimas.
Se alegró de que nadie le preguntara qué eran las primeras impresiones: estaban todos demasiado ocupados poniéndose guapos.
Llamó a la puerta cortésmente y ahora el bosque estaba tan silencioso como los niños, no se oÃa ni un ruido, salvo a Campanilla, que estaba observando desde una rama y mofándose sin disimulos.
Lo que los chicos se preguntaban era, ¿contestarÃa alguien a la llamada? Si fuera una dama, ¿cómo serÃa?
La puerta se abrió y salió una dama. Era Wendy. Todos se quitaron el gorro.
ParecÃa debidamente sorprendida y asà era justo como habÃan esperado que estuviera.
—¿Dónde estoy? —dijo.
Naturalmente, Presuntuoso fue el primero en meter baza.
—Señora Wendy —dijo rápidamente—, hemos construido esta casa para ti.
—Oh, di que estás contenta —exclamó Avispado.
—Qué casa tan bonita y agradable —dijo Wendy y eran las palabras justas que ellos habÃan esperado que dijera.