Peter Pan

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Daba la casualidad de que esta cena era un té imaginario y estaban sentados alrededor de la mesa, engullendo con glotonería y, la verdad, con toda la charla y las recriminaciones, el ruido, como dijo Wendy, era absolutamente ensordecedor. Claro que a ella no le importaba el ruido, pero no estaba dispuesta a tolerar que se pegaran y luego se disculparan diciendo que Lelo les había empujado del brazo. Había una norma establecida por la que jamás debían devolverse los golpes durante las comidas, sino que debían remitir el motivo de la disputa a Wendy levantando cortésmente el brazo derecho y diciendo: «Quiero quejarme de Fulanito», pero lo que normalmente ocurría era que se olvidaban de hacerlo o lo hacían demasiado.

—Silencio —gritó Wendy cuando les hubo dicho por enésima vez que no debían hablar todos al mismo tiempo—. ¿Te has bebido ya la calabaza, Presuntuoso, mi amor?

—No del todo, mamá —dijo Presuntuoso, después de mirar una taza imaginaria.

—Ni siquiera ha empezado a beberse la leche —cortó Avispado.

Esto era acusar y Presuntuoso aprovechó la oportunidad.

—Quiero quejarme de Avispado —exclamó rápidamente. Pero John había levantado la mano primero.

—¿Sí, John?


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