Peter Pan
Peter Pan —Oh, Wendy —exclamó Lelo—, ¿se llamaba Lelo alguno de los niños perdidos?
—SÃ, asà es.
—Estoy en un cuento. Hurra, estoy en un cuento, Avispado.
—Silencio. Bueno, quiero que penséis en lo que sintieron los desdichados padres al ver que todos sus niños se habÃan escapado.
—¡Ay! —gimieron todos, aunque en realidad no estaban pensando ni lo más mÃnimo en lo que sentÃan los desdichados padres.
—¡Imaginaos las camas vacÃas!
—¡Ay!
—Es tristÃsimo —dijo el primer gemelo alegremente.
—No me imagino que pueda acabar bien —dijo el segundo gemelo—. ¿Y tú, Avispado?
—Estoy preocupadÃsimo.
—Si supierais lo maravilloso que es el amor de una madre —les dijo Wendy en tono de triunfo—, no tendrÃais miedo.
HabÃa llegado ya a la parte que Peter aborrecÃa.
—A mà sà que me gusta el amor de una madre —dijo Lelo, golpeando a Avispado con una almohada—. ¿A ti te gusta el amor de una madre, Avispado?
—Ya lo creo —dijo Avispado, devolviéndole el golpe.