Peter Pan
Peter Pan Los enfurecidos piratas les pegaron en la boca y Garfio rugió:
—Eso será vuestra perdición. Traed a su madre. Preparad la plancha.
Sólo eran unos niños y se quedaron blancos al ver a Jukes y a Cecco preparar la plancha mortal. Pero trataron de parecer valientes cuando trajeron a Wendy.
Nada de lo que yo pueda decir os dará una idea de cómo despreciaba Wendy a aquellos piratas. Para los chicos habÃa por lo menos cierto atractivo en la vocación pirata, pero lo único que ella veÃa era que el barco no habÃa sido fregado desde hacÃa años. No habÃa ni una sola portilla sobre cuyo mugriento cristal no se pudiera escribir «Guarro» con el dedo y ella ya lo habÃa escrito en varios. Pero, como es natural, cuando los chicos se agruparon a su alrededor no pensaba más que en ellos.
—Bueno, hermosa mÃa —dijo Garfio, hablando como si tuviera la boca llena de caramelo—, vas a ver cómo tus niños son pasados por la plancha.
Aunque era un refinado caballero, la intensidad de sus meditaciones le habÃa manchado la gorguera y de pronto se dio cuenta de que ella la estaba observando. Con un movimiento apresurado trató de taparla, pero ya era tarde.
—¿Van a morir? —preguntó Wendy, con una mirada de desprecio tan olÃmpico que él casi se desmayó.