Peter Pan
Peter Pan —Se ha ido, capitán —dijo Smee, limpiándose las gafas—. Ya está todo en calma otra vez.
Poco a poco Garfio fue sacando la cabeza de la gorguera y escuchó tan atentamente que podrÃa haber captado el eco del tic tac. No se oÃa ni un ruido y se irguió completamente con firmeza.
—Pues a la salud de Johnny Plancha —exclamó con descaro, odiando a los chicos más que nunca porque lo habÃan visto achantarse. Se puso a cantar esta vil cancioncilla:
¡Jo, jo, jo, viva la plancha:
por ella te pasearás
hasta que baje y tú también
a reunirte con Satanás!
Para aterrorizar aún más a los prisioneros, aunque con cierta pérdida de dignidad, se puso a bailar por una plancha imaginaria, haciéndoles muecas mientras cantaba y cuando terminó gritó:
—¿Queréis probar el gato de nueve colas antes de caminar por la plancha?
Ante esto cayeron de rodillas.
—No, no —exclamaron tan lastimeramente que todos los piratas sonrieron.
—Trae el gato, Jukes —dijo Garfio—, está en el camarote.
¡El camarote! ¡Peter estaba en el camarote! Los niños intercambiaron miradas.