Peter Pan
Peter Pan No lo habĂa perdido exactamente: se habĂa encaramado en medio de la noche a lo alto de un armario y lo habĂa escondido allĂ. Lo que no sabĂa era que la fiel Liza lo habĂa encontrado y lo habĂa vuelto a colocar en el estante de su lavabo.
—Yo sé dónde está, papá —exclamó Wendy, siempre feliz por ser útil—. Te lo traeré.
Y saliĂł corriendo antes de que pudiera detenerla. Al instante se le bajaron los humos de una forma curiosĂsima.
—John —dijo, estremeciéndose—, es un potingue asqueroso. Es esa cosa horrible, dulzona y pegajosa.
—Será cosa de un momento, papá —dijo John alegremente y entonces entró Wendy corriendo con la medicina en un vaso.
—Me he dado toda la prisa que he podido —dijo jadeando.
—Has sido maravillosamente rauda —contestĂł su padre, con una cortesĂa vengativa que a ella le pasĂł inadvertida.
—Primero Michael —dijo obstinado.
—Primero papá —dijo Michael, que era de natural desconfiado.
—Me voy a poner malo, ¿sabes? —dijo el señor Darling en tono amenazador.
—Vamos, papá —dijo John.