Peter Pan
Peter Pan Siendo como era un hombre fuerte, no hay duda de que tuvo una actitud bastante tonta con lo de la medicina. Si alguna debilidad tenía, ésta era creer que toda su vida había tomado medicinas con valentía y por eso, en esta ocasión, cuando Michael rehuyó la cuchara que Nana llevaba en la boca, dijo en tono reprobador:
—Pórtate como un hombre, Michael.
—No quiero, no quiero —lloriqueó Michael de malos modos. La señora Darling salió de la habitación para ir a buscarle una chocolatina y al señor Darling le pareció que aquello era una falta de firmeza.
—Mamá, no lo malcríes —le gritó—. Michael, cuando yo tenía tu edad me tomaba las medicinas sin rechistar. Decía: «Gracias, queridos padres, por darme remedios para ponerme bien».
Él se creía de verdad que esto era cierto y Wendy, que ya estaba en camisón, también lo creía y dijo, para animar a Michael:
—Papá, esa medicina que tú tomas a veces es mucho peor, ¿verdad?
—Muchísimo peor —dijo el señor Darling con gallardía—, y me la tomaría ahora mismo para darte un ejemplo, Michael, si no fuera porque he perdido el frasco.