Peter Pan
Peter Pan La señora Darling se estremeció y se acercó a la ventana. Estaba bien cerrada. Miró hacia afuera y la noche estaba salpicada de estrellas. Estaban agrupándose alrededor de la casa, como si tuvieran curiosidad por ver lo que iba a pasar allÃ, pero ella no se dio cuenta de esto, ni de que una o dos de las más pequeñas le hacÃan guiños. No obstante, un miedo impreciso se apoderó de su corazón y le hizo exclamar:
—¡Ay, ojalá no tuviera que ir a una fiesta esta noche!
Incluso Michael, que ya estaba medio dormido, se dio cuenta de que estaba preocupada y preguntó:
—Mamá, ¿es que hay algo que nos pueda hacer daño, después de encender las lamparillas de noche?
—No, mi vida —dijo ella—. Son los ojos que una madre deja para proteger a sus hijos.
Fue de cama en cama cantándoles cosas bonitas y el pequeño Michael le echó los brazos al cuello.
—Mamá —exclamó—, estoy contento de tenerte.
Fueron las últimas palabras que le oirÃa pronunciar durante mucho tiempo.