Peter Pan
Peter Pan Como es lógico, aquello no era nada satisfactorio. Sin embargo, para enmendarlo les enseñó a tumbarse estirados sobre un viento fuerte que soplara en su dirección y esto supuso un cambio tan agradable que lo probaron varias veces y descubrieron que asà podÃan dormir a salvo. Realmente habrÃan dormido más tiempo, pero Peter se aburrÃa rápidamente de dormir y no tardaba en gritar con su voz de capitán:
—Aquà nos desviamos.
De modo que con algún que otro disgusto, pero en general con gran diversión, se fueron acercando al PaÃs de Nunca Jamás, y al cabo de muchas lunas llegaron allà y, lo que es más, resulta que habÃan estado viajando sin desviarse todo el tiempo, quizás no tanto debido a la dirección de Peter o de Campanilla como a que la isla los estaba buscando. Sólo asà se pueden avistar esas mágicas orillas.
—Ahà está —dijo Peter tranquilamente.
—¿Dónde, dónde?
—Donde señalan todas las flechas.
En efecto, un millón de flechas doradas, enviadas por su amigo el sol, que querÃa que estuvieran seguros del camino antes de dejarlos por esa noche, indicaba a los niños dónde se hallaba la isla.