Peter Pan
Peter Pan Empezaron la estrofa, pero no llegaron a terminarla, pues se oyó otro ruido que les hizo callar. Al principio era un sonido tan débil que una hoja podrÃa haber caÃdo sobre él y haberlo ahogado, pero al ir acercándose se fue haciendo más fuerte.
Tic tac, tic tac.
Garfio se detuvo tembloroso, con un pie en el aire.
—El cocodrilo —dijo con voz entrecortada y salió huyendo, seguido de su contramaestre.
Efectivamente era el cocodrilo. HabÃa adelantado a los pieles rojas, que ahora seguÃan el rastro de los otros piratas. Siguió deslizándose en pos de Garfio.
Una vez más los chicos salieron a la superficie, pero los peligros de la noche no se habÃan terminado aún, pues al poco rato se presentó Avispado corriendo sin aliento, perseguido por una manada de lobos. Los perseguidores llevaban la lengua fuera; sus aullidos eran espantosos.
—¡Salvadme, salvadme! —gritó Avispado, cayendo al suelo.
—¿Pero qué podemos hacer, qué podemos hacer?
Fue un gran cumplido para Peter el que en ese angustioso momento sus pensamientos se volvieran hacia él.
—¿Qué harÃa Peter? —exclamaron simultáneamente.
Casi al mismo tiempo añadieron:
—Peter los mirarÃa por entre las piernas.