Peter Pan
Peter Pan —Regresar al barco —repitió Garfio despacio y entre dientes—, y hacer un opÃparo pastelón bien espeso con azúcar verde por encima. Sólo puede haber una habitación allà abajo, porque hay una sola chimenea. Esos estúpidos topos no han tenido la inteligencia de darse cuenta de que no necesitaban una puerta por persona. Eso demuestra que no tienen madre. Dejaremos el pastel en la orilla de la laguna de las sirenas. Estos chicos siempre están nadando allÃ, jugando con las sirenas. Encontrarán el pastel y lo engullirán, porque, al no tener madre, no saben lo peligroso que es comer un pastel pesado y húmedo.
Estalló en carcajadas, no una risa hueca esta vez, sino una risa auténtica.
—Ja, ja, ja, morirán.
Smee habÃa estado escuchando con creciente admiración.
—Es el plan más malvado y más bonito que he oÃdo nunca —exclamó y se pusieron a bailar y cantar entusiasmados:
Quietos cuando yo aparezco,
por miedo a ser atrapados;
nada os queda en los huesos
si Garfio os tiene enganchados.