Peter Pan
Peter Pan Peter no lo oyó. Estaba rogándole a Wendy que se pusiera bien deprisa, para poder enseñarle las sirenas. Por supuesto, ella no podÃa contestar aún, pues seguÃa totalmente desmayada, pero por encima se oyó un lamento.
—Escuchad a Campanilla —dijo Rizos—, está llorando porque la Wendy está viva.
Entonces tuvieron que contarle a Peter el crimen de Campanilla y casi nunca lo habÃan visto con un aspecto tan serio.
—Escucha, Campanilla —gritó—, ya no soy tu amigo. Aléjate de mà para siempre.
Ella se posó en su hombro y suplicó, pero él la apartó de un manotazo. Hasta que Wendy no volvió a alzar el brazo no se ablandó lo suficiente como para decir:
—Bueno, para siempre no, pero sà una semana entera.
¿Creéis que Campanilla estaba agradecida a Wendy por levantar el brazo? Claro que no, jamás tuvo tantas ganas de pellizcarla. Las hadas son realmente extrañas y Peter, que era quien mejor las conocÃa, las golpeaba con frecuencia.
¿Pero qué hacer con Wendy en su delicado estado de salud?
—Bajémosla a la casa —propuso Rizos.
—Sà —dijo Presuntuoso—, eso es lo que se hace con las damas.