Consejos a los jovenes escritores
Consejos a los jovenes escritores HOY EN DÍA es forzoso producir mucho; es fundamental ir rápido; es preciso pues acelerar el paso lentamente; es imprescindible que todos los golpes acierten y que ninguna acometida sea inútil.
Para escribir rápido es necesario haber reflexionado mucho, acarrear con un tema en el paseo, en el baño, en el restaurante, incluso en casa de la querida.
E. Delacroix[8] me dijo un día: «El arte es algo tan ideal y fugitivo, que las herramientas nunca son las apropiadas, ni los medios lo bastante expeditivos». Como en la literatura; no soy partidario de la tachadura; emborrona el espejo del pensamiento.
Algunos, y de los más distinguidos y conscientes —Édouard Ourliac[9], por ejemplo— comienzan cargando mucho el papel; lo llaman cubrir el lienzo. Tras esta operación confusa que pretende no deshacerse de nada, cada vez que reescriben, amplían y desbrozan. El resultado puede ser excelente, aunque abuse del tiempo y del talento. Cubrir el lienzo no es llenarlo de colores, es bosquejar en frottis[10], es disponer unas masas en tonos ligeros y transparentes. El lienzo debe estar cubierto, en espíritu, en el momento en que el escritor toma la pluma para escribir el título.