Consejos a los jovenes escritores
Consejos a los jovenes escritores se agolpa en nuestro cerebro un pueblo de demonios.
Y la Muerte a los pulmones, cuando respiramos
desciende, río invisible, con gemidos sordos.
La violación, el veneno, el incendio, el puñal,
si aún no han bordado con sus caprichosos trazos
el cañamazo banal de nuestro triste azar,
es porque nuestra alma no se atreve aún a tanto.
De entre los chacales, panteras, perros de caza,
los escorpiones, serpientes, los buitres, los simios,
monstruos que aúllan, gritan, gruñen, que se arrastran
en la infame casa de fieras de nuestros vicios
hay uno más espantoso, más malvado, inmundo
que sin hacer grandes aspavientos, ni gritando,
de un bostezo se tragaría el mundo,
y con gusto dejase la tierra hecha pedazos,
el Aburrimiento, con ojos de llanto espontáneo,
y fumando su narguile, sueña con cadalsos.
Tú conoces, lector, a ese monstruo delicado,
—Hipócrita lector, —mi semejante, —mi hermano.