Las flores del mal
Las flores del mal Canción de siesta
Aunque tus cejas malignas
te dan un aspecto extraño
nada propio de un ángel,
bruja de ojos que engolosinan,
te adoro, ¡oh frÃvola mÃa,
mi terrible pasión!,
con la devoción
de un sacerdote por su Ãdolo.
El desierto y el bosque
sahúman tus trenzas ásperas,
tu cabeza tiene los ademanes
del enigma y del secreto.
Por tu carne merodea el perfume
como alrededor de un incensario;
embrujas como la noche,
ninfa tenebrosa y cálida.
¡Ah!, los bebedizos más fuertes
no pueden compararse a tu desidia,
y sabes hacer la caricia
que resucita a los muertos.
Tus caderas están enamoradas
de tu espalda y de tus pechos,
y cautivas a los cojines
con tus lánguidas posturas.
A veces, para aplacar
tu rabia misteriosa,
