Las flores del mal
Las flores del mal Bendición
Cuando, por un decreto de los poderes supremos,
el Poeta aparece en este mundo hastiado,
su madre horrorizada y desbordante de blasfemias
crispa sus puños hacia Dios, que la compadece:
«¡Ah, que no haya parido todo un nido de víboras,
en vez de amamantar a esta irrisión!
¡Maldita sea la noche de placeres efímeros
en que mi vientre concibió mi condena!
¡Puesto que me elegiste entre todas las mujeres
para que diera asco a mi triste marido,
y puesto que no puedo arrojar a las llamas
como esquela amorosa a este monstruo esmirriado,
yo he de hacer que salpique tu odio que me abruma
al maldito instrumento de tus malignidades,
y tanto estrujaré este árbol miserable
que verá malograrse sus brotes corrompidos!».
Así vuelve a tragarse la espuma de su odio
y, como no comprende los eternos designios,
