Las flores del mal
Las flores del mal Tristezas de la luna
Esta noche la luna sueña con más indolencia;
como una mujer hermosa que, sobre abundantes cojines,
con mano distraída y ligera acaricia
antes de adormecerse el contorno de sus pechos,
sobre la espalda lustrosa de mórbidos aludes,
agónica, se entrega a los largos desmayos,
y pasea sus ojos sobre las visiones blancas
que suben hacia el cielo como brotan las flores.
Cuando, por languidez ociosa, sobre este globo a veces
ella deja que caiga una furtiva lágrima,
un poeta devoto, enemigo del sueño,
en el cuenco de su mano acoge esa lágrima pálida
de irisados reflejos como un trozo de ópalo,
y en su pecho la guarda a salvo de los ojos del sol.