Las flores del mal
Las flores del mal Los gatos
A los enamorados fervientes y a los sabios austeros
les gustan de igual modo, en sus años maduros,
los gatos corpulentos y suaves, orgullo de la casa,
que como ellos son frioleros y como ellos sedentarios.
Amigos de la ciencia y de la exquisitez,
buscan el silencio y el horror de las tinieblas;
el Erebo[20] los habría confundido con sus corceles fúnebres
si pudieran doblegar su orgullo al vasallaje.
Mientras piensan, adoptan las actitudes nobles
de las grandes esfinges recostadas en las remotas soledades,
que parecen dormirse en un sueño sin fin;
su fecunda grupa está llena de chispas mágicas,
y briznas de oro, en forma de fina arena,
constelan imprecisas sus místicas pupilas.
