Las flores del mal
Las flores del mal que gana sin hacer trampas, ¡a cada jugada!, es la ley.
El día declina; la noche crece; ¡recuerda!,
el abismo tiene sed siempre; la clepsidra se vacía.
Dentro de poco sonará la hora en que el divino Azar,
en que la augusta Virtud, tu esposa todavía virgen,
en que incluso el Arrepentimiento (¡oh el último refugio!),
en que todo te dirá: ¡Muere, viejo miedoso!, ¡es demasiado tarde!».