Las flores del mal
Las flores del mal A una mendiga pelirroja
Blanca muchacha de cabellos rojos,
cuyo vestido, por sus rotos,
deja ver la pobreza
y la belleza.
Para mÃ, poeta raquÃtico,
tu joven cuerpo enfermizo,
todo lleno de pecas,
tiene cierta dulzura.
Llevas tú, con más gracia
que una reina de romance
sus botines de terciopelo,
tus zuecos pesados.
En lugar de un harapo cortÃsimo,
que un soberbio vestido cortesano
caiga en largos pliegues crujientes
sobre tus talones;
en vez de medias agujereadas,
que ante los ojos de los pillos
en tu pierna una daga de oro
reluzca más;
que los lazos a medio anudar
desvelen para nuestros pecados
tus dos pechos hermosos, radiantes
como si fueran ojos;
que para desnudarte
