Las flores del mal
Las flores del mal tus brazos se hagan rogar
y aparten con golpes juguetones
los dedos traviesos,
perlas del más puro oriente,
sonetos del maestro Belleau[28]
por tus cautivos admiradores
sin cesar ofrecidos,
patulea servil de rimadores
que te dedican sus primicias
mientras contemplan tu chapÃn
al pie de la escalinata,
¡más de un paje enamorado de la aventura,
más de un noble y más de un Ronsard[29]
acecharÃan lisonjeadores
tu flamante aposento!
¡ContarÃas en tus lechos
más besos que flores de lis
y someterÃas bajo tus leyes
a más de un rey Valois[30]!
—En cambio, vas a mendigar
cualquier rancio desecho abandonado
en el portal de algún Vefour[31]
de por ahÃ;
codiciando de reojo
bisuterÃa de tres al cuarto
que yo, ¡perdóname!, no puedo
regalarte.