Las flores del mal
Las flores del mal El crepúsculo vespertino
Aquí llega el crepúsculo delicioso, amigo del criminal;
viene como un cómplice, sin hacer ruido; el cielo
se cierra lentamente como una gran alcoba,
y el hombre impaciente se torna bestia feroz.
¡Ah ocaso, amable ocaso, deseado por aquel
cuyos brazos veraces pueden decir: Hoy
hemos trabajado! —La caída de la noche es lo que alivia
al alma devorada por un dolor salvaje,
al sabio testarudo de frente agobiada
y al obrero doblado que regresa a su cama.
Mientras tanto, los diablos insanos en la atmósfera
se despiertan torpones, como hombres de negocios,
y volando chocan con postigos y aleros.
De una luz a otra que el viento zarandea
la Prostitución se enciende por las calles;
igual que un hormiguero, despeja sus salidas;
en cualquier parte se abre un oculto camino,
como enemigo que urde un repentino asalto;
se remueve en el fondo de la ciudad fangosa
como un gusano usurpador de lo que come el Hombre.
