Las flores del mal
Las flores del mal Se oyen aquà y allá resoplar las cocinas,
chillar desde los teatros, resonar las orquestas;
las mesas colectivas, donde el juego fascina,
se llenan de busconas y de timadores, sus cómplices,
y los ladrones, que no conocen tregua ni piedad,
van pronto a comenzar su tarea, ellos también,
y a forzar suavemente las puertas y los cofres
para ir tirando unos dÃas más y vestir a sus queridas.
Vuelve hacia ti, alma mÃa, en este grave instante,
y cierra tus oÃdos a ese estruendo.
¡Es la hora en que arrecian los dolores de los enfermos!
La Noche sombrÃa se aferra a su garganta; asà cumplen
su destino y se acercan al abismo común;
el hospital se llena con sus lamentos. —Más de uno
no volverá a buscar la aromática sopa
al amor de la lumbre, ya tarde, junto a un ser querido.
¡La mayorÃa ni siquiera han conocido nunca