Las flores del mal
Las flores del mal no podrán contemplar sin náuseas amargas
la sonrisa eterna de tus treinta y dos dientes.
Sin embargo, ¿quién no ha estrechado en sus brazos un esqueleto,
y quién no se ha alimentado de productos de la tumba?
¿Qué importan el perfume, el traje o la vestimenta?
Quien hace remilgos delata que se cree hermoso.
Bayadera desnarigada, irresistible furcia,
di a esos que bailan con gesto de ofendidos:
«¡Figurines altivos, a pesar de los polvos y el carmín,
oléis todos a muerto! ¡Oh esqueletos almizclados,
Antínoos[41] marchitos, dandis de tez lampiña,
cadáveres barnizados, lovelaces[42] canosos,
el vaivén universal de la danza macabra
os arrastra a regiones que aún no son conocidas!
Desde los muelles fríos del Sena hasta las orillas ardientes del Ganges,
el rebaño mortal brinca y se aturde, sin ver
en un agujero del techo la trompeta del Ángel