Las flores del mal
Las flores del mal A la criada bondadosa de la que tenías celos,
y que reposa en calma bajo la hierba humilde,
deberíamos, qué menos, llevarle algunas flores.
Los muertos, los pobres muertos, tienen grandes pesares,
y cuando sopla Octubre, podador de los árboles viejos,
con viento melancólico en torno de sus lápidas,
sin duda han de encontrar muy ingratos a los vivos,
que duermen, como suelen, cálidamente en sus sábanas,
mientras que, devorados por oscuros ensueños,
sin compañía en el lecho, sin charlas agradables,
añosos esqueletos gélidos roídos por gusanos,
ellos notan cómo gotean las nieves del invierno
y cómo el siglo se desliza sin que amigos o parientes
reemplacen los jirones que cuelgan de su verja.