Las flores del mal
Las flores del mal Brumas y lluvias
¡Oh, finales de otoño, inviernos, primaveras bañadas en barro,
aletargantes estaciones!, os prefiero, y celebro
que envolváis así mi corazón y mi mente
en un sudario nebuloso y en una vaga tumba.
En esta gran llanura donde el frío austro campea a sus anchas,
donde durante largas noches la veleta enronquece,
mi alma, más a gusto que cuando llega la tibia primavera,
abrirá totalmente sus alas de cuervo.
Nada es más agradable para un corazón lleno de ideas fúnebres,
y sobre el que hace tiempo se abaten las escarchas,
oh macilentas estaciones, reinas de nuestras latitudes,
que el semblante perpetuo de vuestras pálidas tinieblas
—a no ser que, una noche sin luna, las parejas
aplaquen el dolor con un amor fugaz.
