Las flores del mal
Las flores del mal pretende que se fijen en el canto de sus penas
las águilas, los grillos, los arroyos y flores,
e incluso a nosotros, inventores de esas antiguas argucias,
nos quiere recitar a gritos sus pregones en verso?».
Yo habría podido (mi orgullo, tan alto como un monte,
sobrevuela la nube y el chillido de los demonios)
simplemente apartar mi cabeza soberbia,
si no hubiera visto en medio del tropel obsceno
—¡crimen que no ha hecho tambalearse al sol!—
a la reina de mi corazón, la de mirada sin par,
que se reía con ellos de mi triste desamparo
y a veces les regalaba una sucia caricia.
